En el marco del Día de las Trabajadoras y los Trabajadores

El Día Internacional de los Trabajadores y Trabajadoras tiene sus orígenes en Estados Unidos a finales del siglo XIX. El 1 de mayo de 1886, los trabajadores y trabajadoras de Chicago iniciaron una huelga para demandar una jornada laboral de 8 horas, en lugar de las 10 a 16 horas que trabajaban en ese entonces. La huelga se prolongó durante varios días, hasta que el 4 de mayo se produjo un enfrentamiento violento entre los trabajadores, trabajadoras y la policía, conocido como la Revuelta de Haymarket.
A raíz de este acontecimiento, los lideres y lideresas obreras promovieron una jornada de protesta para el 1 de mayo de 1889. En la que se reivindicaba la lucha por la jornada de 8 horas y otros derechos laborales. A partir de entonces, esta fecha se convirtió en una jornada de protesta y celebración para los trabajadores y trabajadoras de todo el mundo.
En el Salvador la situación laboral es un derecho vulnerado, que se ve reflejada en los datos de la última Encuesta de Hogares y Propósitos Múltiples (EHPM) evidencian que, en 2016, la población total salvadoreña era de más de 6.5 millones de personas, de las cuales el 72 %, equivalente a 4.7 millones de personas, tenían 16 años y más de edad que, de acuerdo con la realidad socioeconómica del país, se encuentran aptas para trabajar (PET). De esos, el 62% o 2.9 millones trabaja o busca empleo activamente; mientras que 1.8 millones (37 %) se reconocen como Población Económicamente Inactiva (PEI), puesto que ni tienen trabajo ni buscan. La mayoría se dedica a labores domésticas (52.6 %) o a estudiar (20.7 %). Las brechas de género en el ámbito laboral persisten, según la última EHPM para el 2021, el salario de las mujeres fue 14.2% menor en comparación al que recibieron los hombres.
Otra situación que muestra las desigualdades entre hombres y mujeres son los cargos laborales de toma de decisión, en su mayoría son conducidas por hombres, como es el caso de la Autoridad Salvadoreña del Agua, la Junta Directiva y otros espacios de dirección está conformada en su mayoría por hombres, esto no permite que las decisiones sobre el acceso al agua sean desde las necesidades prácticas y estratégicas de las mujeres.
En la zona rural las mujeres son protagonistas en la producción de alimentos, pero la principal dificultad que se encuentran es el difícil acceso a tierras y agua. Según la encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples de la DYGESTIC en 2018 solo el 10,3% de los propietarios agropecuarios de tierra eran mujeres en El Salvador, esto las obliga a trabajar en tierras prestadas o alquiladas, por ende, esto incrementa el difícil acceso a los alimentos de las familias. A esta situación se suma el incremento al costo de la canasta básica y que el Estado no ha tomado medidas para reducir este impacto en el bolsillo de la población.
Si hablamos de derechos económicos de las mujeres también hablamos del derecho al trabajo, todo esto para obtener bienestar de las familias, sin embargo, para las mujeres acceder a un trabajo no es suficiente, existe discriminación salarial entre hombres y mujeres por un mismo trabajo y cada vez se identifican formas de violencia como el acoso sexual.
La economía del cuidado y la economía ecológica están articulas; es decir, el cuidado de los cuerpos y la idea de donde el resto del mundo vive y que somos dependientes de la naturaleza, todo lo que tiene que ver con el cuidado de los cuerpos pasa por una redistribución radical de la riqueza, por redistribución de los empleos y también por redistribución de las obligaciones que comporta tener cuerpo y ser especie, el trabajo de los cuidados no debe ser solamente que abordan o realizan mayoritariamente las mujeres, sino que debe ser desde ejercicio de la corresponsabilidad y que ese trabajo no reconocido debe ser compartido. Quienes mayoritariamente se han ocupado de los cuidados de los cuerpos son las mujeres y se ha hecho en una economía invisible que es desde el hogar, el único espacio que reconoce derechos económicos y ciudadanos que es el empleo remunerado y a la par muchos hombres no han hecho el camino inverso. De ahí es donde se habla de las dobles o triples jornadas que realizan las mujeres. El modelo de producción capitalista solo reconoce la expresión monetaria; sin embargo, es insostenible sin el trabajo no pagado que se realiza en los hogares.
Es importante reconocer el trabajo que las mujeres realizan en la lucha por nuestros derechos y sobre todo la defensa nuestros cuerpos y territorio y hoy más que nunca estamos listas para movilizarnos y alzar nuestras voces en contra de un sistema opresor, patriarcal y capitalista, que genera hambre y pobreza a través del despojo de los medios de vida de la gente empobrecida.
Por ello en el marco del día del trabajo ante esta situación demandamos el cumplimiento al derecho al trabajo y al principio de igualdad y no discriminación arbitraria al empleo y la ocupación. El Estado debe garantizar acciones enfocadas a eliminar las desigualdades que enfrentan mayoritariamente a las mujeres.
