Conmemoramos 1932
22 de enero de 1932 una fecha que todas y todos conocemos como el levantamiento indígena, tuvo lugar en el occidente del país. Ahora, conmemoramos noventa años de un suceso que marcó la memoria histórica de El Salvador.

Este levantamiento insurreccional, en el que participaron indígenas, campesinos y ladinos obreros tiene raíces estructurales muy profundas entre las que podemos mencionar: la extinción de tierras comunales y ejidales en 1881 en su mayoría propiedad de los pueblos originarios, un despojo necesario para iniciar la República cafetalera en El Salvador; aunado a ello, la sobre-explotación a la que fueron sometidos los pueblos originarios al incorporarlos a la producción del café; asimismo, la gran depresión de 1929, que provocó una caída en los precios del café y, consecuentemente, la desmejora progresiva en la, ya mala, calidad de vida de los pueblos originarios debido al recorte de los salarios.
Toda esta confluencia de motivos estructurales provocó la organización de los pueblos originarios, campesinos y ladinos obreros. Así, un 22 de enero de 1932 se levantaron en armas para recuperar sus tierras y lograr mejores condiciones materiales para el acceso a los medios de producción y reproducción de una vida digna. Sin embargo, este movimiento fue cruentamente abatido por el ejército nacional, bajo la dirección del General Maximiliano Hernández Martínez, dando como resultado un genocidio de tal magnitud que a la fecha no se sabe a ciencia cierta la cantidad de personas asesinadas –aunque la historia oficial habla de entre veinte a treinta mil víctimas.
Este acontecimiento histórico implicó un etnocidio y un epistemicidio, puesto que, además de aniquilar sistemáticamente una identidad subjetiva basada en la raza –etnocidio-, significó, a la vez, el intento de desaparecer los conocimientos ancestrales de los pueblos originarios; de forma tal que, en El Salvador, éstos no tuviesen expresión cultural alguna, todo a fin de lograr la homogeneización de la población y a la univocidad de los sistemas normativos; condiciones que, a la fecha, se mantienen y se expresa en el dominio que el sistema estatal ejerce sobre los pueblos originarios.
A pesar de toda la sangre derramada por nuestros ancestros en su lucha por la vida y de la violencia de la que han sido y son víctimas como pueblos originarios aún pervive su legado de lucha, resistencia y oposición a la represión, a la dominación, a la injusticia, a la desigualdad, al despojo y saqueo de los medios de vida.
En este sentido, Feliciano Ama y Farabundo Martí, líderes de la insurrección del 32, son considerados héroes de las luchas populares y organizadas, de las reivindicaciones que hacemos las mayorías excluidas y empobrecidas para la construcción de mejores condiciones de vida.
En definitiva, no podemos considerar como víctimas a quienes ofrecieron su vida por una causa justa, sino más bien, debemos llamarles héroes. Por ello, este 22 de enero, sirva para conmemorar a todas y todos aquellos héroes y heroínas que ofrecieron, incluso, su vida para la causa de aquel momento; la posesión de la tierra y la eliminación de la sobreexplotación; quienes siguen inspirando luchas en defensa del medio ambiente, de la naturaleza, del agua, de la alimentación, por la paz, la justicia y la verdad; todo, con la intención de un mejor país.
