Afrodescendientes en El Salvador, una población ignorada y negada

En el Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial. No olvidamos la masacre de Sharpeville, Sudáfrica el 21 de marzo de 1960.
Al contrario de lo que muchos piensan , la independencia política de los pueblos de América Latina y el Caribe de los imperios europeos , no significó el fin del colonialismo, significó la sustitución de un tipo de colonialismo, el de ocupación territorial por una potencia extranjera, por otros tipos de neocolonialismo interno: neoliberalismo, imperialismo, extra activismo y las formas más brutales de racismo , xenofobia , exclusión y negación de los ´pueblos más sufridos, los indígenas y los afrodescendientes.
Desde el año 1979 El Salvador forma parte de la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación Racial (CERD), uno de los principales tratados internacionales en materia de Derechos Humanos. Dicho tratado fue ratificado por la Asamblea Legislativa del Estado salvadoreño el 30 de noviembre 1979, sin embargo el Estado y Gobierno de El Salvador durante siglos ha asumido una posición racista, discriminatoria y excluyente , ocultando e invisibilizando a su población afrodescendiente como la tercera raíz fundadora del Estado Nación. La negación de un pueblo es una forma contemporánea de racismo institucionalizado expresado en la indiferencia, menosprecio, desamparo y desprotección de los derechos humanos, en el caso de los afrosalvadoreños por los tres órganos del Estado, Ejecutivo, Legislativo y Judicial.
En el año 2005 el Gobierno salvadoreño manifestó al CERD que “la población salvadoreña no está compuesta por grupos con características raciales diferentes y que, consecuentemente, no se puede sostener que existe en el país discriminación por motivos de raza (. . .) externó que no existe población negra en El Salvador, por ser el único país de Centroamérica que no posee costas en el Mar Caribe”, resulta que según la élite económica oligárquica del país, El Salvador fue salvado de la esclavitud durante el periodo colonial , la población indígena fue exterminada y los negros fueron expulsados o prohibidos por el dictador Maximiliano Hernández Martínez con la ley de Migración que promulgó en 1933, de ahí que se metió en el imaginario colectivo de los salvadoreños que todos somos iguales , que todos somos mestizos y que somos el país más blanco de Centroamérica, argumentos ridículos y absurdos, pues han pretendido homogenizar y blanquear nuestra diversidad étnica y cultural.
De la presencia africana en El Salvador hay suficiente y abundante información de hechos y
acontecimientos ocurridos en la provincia de San Salvador durante el periodo colonial y que están registrado en el Archivo General de Centroamérica (AGC), Archivo General de la Nación (AGN) y Archivo General de Indias (AGI), de lo cual la academia, historiadores al servicio de la burguesía, las escuelas, las universidades y medios de comunicación han ocultado e ignorado, queriendo imponer que los afrodescendientes en El Salvador son un pueblo sin historia, sin pasado y sin identidad. Las huellas de los panunes (negros de Guinea – Senegambia), angolas y congos, venidos a territorio salvadoreño a partir de mediados del siglo XVl son aun visibles y evidentes, entre los fenotipos más comunes de los afrosalvadoreños sobresalen, la tez oscura , nariz ancha, ojos oscuros, labios gruesos, pelo oscuro y rizado, piernas largas y estatura considerable.
El 21 de marzo de 1960, la policía de blancos abrió fuego y mató a 69 personas negras en una manifestación pacífica contra el apartheid en Sharpeville, Sudáfrica, es una fecha para denunciar y no olvidar las brutalidades e injusticias cometidas por el racismo, el imperialismo, el colonialismo y el patriarcado en el mundo. El Salvador, no está al margen de eso, es un Estado racista, tiene una deuda histórica y moral, reconocer que somos una sociedad pluriétnica y pluricultural, ya es tiempo de incluir los derechos y políticas públicas para su población afrosalvadoreña, es una obligación impostergable para reparar el daño causado a un pueblo explotado, vejado, humillado y despojado de su identidad a partir del tráfico y comercio de esclavos, sus descendientes hoy alzan la voz.
