Hemos colapsado

Por: Lucy Fernández

El tiempo verbal ocupado en el título de este artículo, es la conjugación del verbo colapsar en pretérito perfecto compuesto, no es la forma del presente simple, porque se destaca la idea de que esté “presente” es el resultado de un pasado, cuyo modo de estar sigue teniendo validez. Al utilizarlo en esta conjugación específica queremos destacar la idea que esta realidad actual es resultado de un pasado y, además sigue, es un momento del pasado que ha empezado, pero no ha terminado.

Algo similar sucede en la película de Adam McKay Don’t Look Up, protagonizada por Jennifer Lawrence y Leonardo DiCaprio, la humanidad tiene los días contados y aun cuando posee la tecnología para salvarse, decide no hacerlo, porque se impone la avaricia especulativa. Nos gustaría decir que la película es entretenida y quizá hasta recomendarla, pero hay otro film en desarrollo, protagonizado por toda la humanidad y dirigida por un autómata que es a su vez el causante histórico de la desgracia planetaria, le llaman “sistema capitalista” y es peor que un meteorito. Aquí también el colapso pudiera evitarse, pero preferimos divertirnos, no hacer nada y dejar que los ricos sean cada vez más asquerosamente ricos, y que los políticos sigan siendo aún más repugnantemente políticos. 

El colapso civilizatorio se observa en múltiples situaciones y ámbitos: el fracaso de la COP26 en Glasgow; la 6ta extinción masiva; la acidificación oceánica; el deshielo de los casquetes polares y las distintas mutaciones virales con afectación humana son ejemplos en la ecología y medio ambiente.

Desde la economía, los países empobrecidos están estancados, los despidos se cuentan por miles y la inflación apenas ha comenzado, en otras palabras, es el escenario típico para una estanflación con afectaciones mundiales. Pero otros, siguen haciendo negocio, ¡y les va mejor que nunca! Las grandes farmacéuticas, por ejemplo, ninguna autoridad o gobierno pudo obligarles a distribuir vacunas sin cobrar patentes (pese a que ello es permitido de acuerdo a las mismas reglas comerciales en casos de salud pública). Esto, por un lado, fue una especulación para la venta de medicamentos sin evidencia científica suficiente, y de otro, la aceptación de buena gana que quien no tenía para comprar podía morirse sin que el resto de la humanidad hiciera algo por ellos. Diversos países en África, Oceanía y el Caribe, no lograron acceder a vacunas. En la República de Chad, Tanzania y Burkina Faso, ni siquiera los médicos tuvieron acceso a vacunas, pese a que personas expertas alertaron que era justamente en tales condiciones donde el virus podría mutar por estar fuera de control. En Latinoamérica se quedaron rezagados en la vacunación: Uruguay, Honduras, Guatemala, Nicaragua y Cuba. ¿Por qué nadie vio por ellos? ¿Por qué no se entiende que la salvación es colectiva?

Dejemos de engañarnos, el sistema capitalista nos está matando, mientras el Homo sapiens sapiens promedio se divierte “memeando”, por eso se afirma: hemos colapsado como humanidad y hemos decidido que nuestro último hálito de vida se vaya en mantener girando la gran rueda capitalista. Amén.

Ahora bien, el colapso no será como en la película de Netflix, quizá este declive de la civilización humana sea más comparable a la vida de Pink (Bob Geldof) en la película Pink Floyd: The Wall (1982), una civilización que al igual que la vida de Pink está carente de afectos humanos; cuyo individualismo le ha vuelto miope y no puede reconocer al otro; es soberbia con unos y servil ante otros; vive con miedos, drogada/fanatizada y con delirios fascistas que jamás podrán concretarse. Aquí al igual que la película todo termina con una gran explosión que se lo lleva todo… o casi todo… porque hay un afuera de la pared que tiene vida, lo mismo que hay vidas al margen del sistema capitalista.

En Don’t Look Up, el final encuentra a la familia reunida, tomados de las manos y en posición de orar… Hacia un dios que parece no escuchar. En Pink Floyd: The Wall, el final es la canción Outside The Wall, donde luego del desplome de todo el muro, niños, hombres y mujeres en formas colaborativas están reconstruyendo desde abajo, volviendo a poner piedra sobre piedra.

Los mundos terminan, los muros se rompen, los sistemas se destruyen, los tiempos cambian, las revoluciones existen. Pero las barreras no solo explotan desde dentro, también pueden derribarse desde fuera. Entonces, sí el colapso es lo que acontece, la pregunta es: ¿qué estoy haciendo? Busco alimentar al sistema capitalista, aunque sé que me matará o estoy tratando de destruirlo, para construir algo radicalmente diferente. Depende de la respuesta, el colapso de esta civilización capitalista, será una buena o mala noticia.

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