La disminución de la biodiversidad como una expresión de la crisis civilizatoria

Cada 20 de mayo se conmemora el día mundial de las abejas y, sumado a esta fecha, el 22 de mayo se marca como el día de la diversidad biológica. En el marco de ambas fechas, es importante reflexionar sobre la importancia de la diversidad biológica, sobre nuestra eco-dependencia y, asimismo, concientizarnos que la acelerada extinción de biodiversidad nos condena a la muerte planetaria.

La biodiversidad es trascendental para la red de la vida, cumple una fundamental función en la gestación y desarrollo de la vida en nuestro planeta. En esencia, la diversidad biológica proporciona servicios ecosistémicos vitales, tales como la purificación del aire y el agua, así como la regularización del clima, la fijación de CO2, la recuperación de la fertilidad del suelo, la amortiguación de las inundaciones y la descomposición de residuos. Sumado a esto, provee insumos para medicamentos.

Agregado a lo anterior, la diversidad biológica contribuye a la suficiencia alimentaria. Al respecto, la FAO ha acotado que la biodiversidad aumenta la productividad de la agricultura, la cual, desde hace más de 10,000 años, ha ido mejorando gracias a la interacción con la diversidad biológica; asimismo, genera condiciones para la adaptación debido a la variedad de los cultivos. En definitiva, la producción de alimentos es fuertemente dependiente de una diversidad biológica rica.

Sin embargo, a pesar de estas diversas y complejas funciones, la diversidad está disminuyendo como consecuencia de la destrucción y degradación de hábitats, que es generado por la contaminación y destrucción de los ecosistemas. En este sentido, parece ser que la humanidad ha entrado en conflicto con la biósfera terrestre hasta el punto de poner en riesgo nuestra propia existencia. Según datos de la FAO, aproximadamente un millón de especies vegetales y animales están en peligro de extinción, el 29% de las razas de ganado locales están en riesgo de extinción, el 34% de las poblaciones de peces están sobreexplotadas, y alrededor de 178 millones de hectáreas de bosque se han perdido desde 1990.

En El Salvador, se sabe que hay más de 150 especies de animales en peligro de extinción y más de 180 especies amenazadas, al igual que más de 150 especies de plantas en peligro de extinción. Entre las especies en peligro de extinción está el caimán, el cocodrilo, la tortuga, el gavilán ceniza y pecho blanco, el colibrí, el puma; y, en el caso de los árboles, se encuentra el pino, mangle dulce, caoba, cedro y otros más. Este escenario, en definitiva, es generado por el acelerado deterioro de los ecosistemas mediante la abusiva emisión de permisos ambientales de ubicación y construcción de obras y proyectos que contaminan el agua, impermeabilizan los suelos, contaminan el aire, deterioran el paisaje y depredan bosques -de hecho, con base en datos del MARN, entre el año 2000 y 2010 se perdieron 138 mil hectáreas de cobertura forestal y, posteriormente, entre 2010 y 2016 se destruyeron, al menos, 21 mil hectáreas de bosque-.

Debido a la acelerada extinción de la biodiversidad, al terricidio, como planeta nos encontramos en la sexta extinción masiva, la cual, a diferencia de las anteriores, esta es fuertemente impulsada por la actividad humana. En este orden de ideas, la muerte de la biodiversidad es, fielmente, una consecuencia de la crisis civilizatoria, de una crisis generada por un modelo económico-social-ético que no reconoce límites, que ha desarraigado al ser humano de la naturaleza y le ha hecho creer que es el amo y dueño de todo y que, por lo tanto, todo está sujeto a ser usado como materia para la generación de mercancías.

Importante aclarar que el asesinato de la biodiversidad no es provocado por la humanidad en su conjunto o en sentido abstracto, sino que es consecuencia de las actuaciones de un grupo en concreto, de aquellos que conforman el 1% más rico del planeta y que, por tal motivo, acumulan más del 50% de la riqueza mundial. Hablamos de los grupúsculos económicos que únicamente reconocen la ganancia como único criterio y sentido de la vida, quienes están dispuestos a agotar el planeta y asesinar, de manera silenciosa, toda expresión de vida con tal de aumentar sus bolsillos.

Por todo, como humanidad, es de estar conscientes del daño que implica la pérdida de expresiones diversas de la vida -propiedad esencial de la naturaleza-; así como de la necesidad de emplear acciones para la conservación de las especies en su conjunto, puesto que así, y solo así, la vida puede seguir siendo viable para todas las especies.

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