¿Plan maestro de despegue agropecuario?
El denominado Plan Maestro de Despegue Agropecuario, se trata de una presentación de imágenes y pequeños textos, en los que no se puede encontrar ningún elemento básico de un plan, es decir, objetivos, resultados, actividades, presupuesto, calendario, localidades donde se realizará. Se trata de una serie de láminas que se pueden resumir en lo siguiente:
Como todo en el actual gobierno, este plan se trata de algo totalmente nuevo, que nunca había existido y que representa una ruptura con el pasado porque “por primera vez en la historia” se actuará donde “nunca se hizo nada” por la agricultura. Fácilmente podemos decir que esto es falso, pues solo basta con mirar un poco atrás para saber que en los últimos años se realizaron grandes acciones como el Plan de Agricultura Familiar, el programa Amanecer Rural, el programa PRODEMOR, el programa de compra gubernamental de semillas a la producción nacional, entre otros. De hecho, este “plan” retoma algunas acciones que se venían realizando desde mucho antes, algunas dentro de estos programas anteriores, como la entrega del paquete agrícola, el programa nacional de huertos o la creación de líneas y tasas de crédito especiales. Podrá criticarse que muchos de estos programas tenían deficiencias y debilidades, pero no se puede decir que no se hizo nada y que ahora por “primera vez” en la historia se comenzará a hacer algo por la agricultura nacional.
En cuanto a los montos proyectados de inversión y pese a que algunos de los componentes del plan tienen presupuestos por definir, el total es al menos de 1 mil 956 millones, al parecer en 4 años, aunque en algunos casos no se especifica. De esta inversión solo en unos cuantos casos se expresan las fuentes de financiamiento como préstamos, donaciones o fondos GOES, pero en ningún caso se informa en concreto en qué se invertirá, dónde se hará y a través de quién. También se mencionan financiamientos de fideicomisos, sin aclarar quién, ni cómo se tomarán las decisiones para invertir el dinero. Tampoco se expresa por ningún lado, cómo se transparentará el uso de tanto dinero.
El llamado plan maestro está conformado por varios componentes. Uno de ellos que proyecta un monto de 630 millones de dólares mediante un fideicomiso se enfocará en créditos para la producción con el fin de garantizar la seguridad alimentaria. Sabemos que elevar la producción de alimentos no garantiza la seguridad alimentaria, pues la disponibilidad física de alimentos, según la FAO, es solo una de las dimensiones a considerar, y el gobierno no está considerando estrategias para el acceso económico y físico de los alimentos, ni estrategias para la utilización de los mismos como buenas prácticas de salud y alimentación, contrarrestar el consumo de la comida chatarra, ni estrategias de educación nutricional como parte de este plan. Cualquier acción que busque garantizar la seguridad alimentaria debe plantearse como un plan integral que no ponga la atención solamente en la productividad agrícola.
Es muy difícil otorgar credibilidad a un componente de un plan que se propone en 4 años, pasar de una situación en la que el país que es importador neto de alimentos a lograr sustituir el 100% de las importaciones, mientras al mismo tiempo logre exportar la producción local.
Otro de los componentes se centra en hacer rentable al sector cafetalero mediante asistencia técnica, material genético para renovar 50 mil manzanas de cafetal y la reingeniería de la deuda del sector. Salvo excepciones, el sector cafetalero está conformado por familias pudientes que, mediante la sobreexplotación de los miles de trabajadoras y trabajadores agrícolas, muchos de ellos/as menores de edad, logran sacar adelante sus empresas y ganancias, por tanto, los $637.5 millones que se invertirán no llegarán a manos de los más pequeños.
Cuatro de los componentes, se enfocan en la reingeniería de algunas instituciones públicas, es decir, cuatro de los once componentes no proporcionarán recursos o apoyos a las y los agricultores pues estarán centrados en modernizar el MAG, fortalecer la Policía Rural, reorganizar la banca estatal (BFA, BH, BANDESAL) y fusionar el CENTA con la ENA.
Otros dos componentes básicamente es el reciclado de programas ya existentes que venían de gobiernos anteriores, es decir la entrega del paquete agrícola y el programa de huertos escolares y caseros, continuando con lo que ya se venía haciendo.
Otro de los componentes va enfocado a la implementación de la política nacional agropecuaria, un documento que reúne un conjunto de líneas de acción para dinamizar 11 cadenas productivas bajo el enfoque de la competitividad de un sector agropecuario que quiere reconvertirse hacia la agroindustria para estimular la inversión.
El otro componente denominado Ruralización, se trata más bien de un programa de Urbanización pues considera que las actitudes de los sectores urbanos son superiores a las de los sectores rurales, por tanto, se trata de un plan que invertirá en la construcción de vivienda para venderla a los campesinos o pobladores rurales, creando polos de desarrollo.
Pero un componente sumamente peligroso es la creación de un nuevo Código Agrario que permita regular la posesión de la tierra rústica en propiedad de cooperativas del sector reformado y del sector no reformado, desarrollando nuevas opciones de acceso a la tierra y embargar propiedades para recuperar la deuda agraria, en otras palabras, despojar a campesinos de sus tierras para cederlas en favor de los inversionistas del agro-negocio agroindustrial y exportador y de megaproyectos.
Se trata entonces de un plan maestro opaco con un conjunto de medidas neoliberales, que desprecia la agricultura y forma de vida campesina, en función de facilitar el acceso a la tierra para los inversionistas, la agroindustria, la exportación y los megaproyectos, utilizando un doble discurso que combina al mismo tiempo términos como competitividad, eficiencia y modernidad con otros como sustentabilidad, agricultura baja en carbono y resiliencia, que parecen quedar vacíos y desprovistos de contenido, pues lo que se pretende realizar va en el sentido completamente opuesto y además no considera de forma integral la incidencia del cambio climático en la agricultura, que es uno de sus principales riesgos.
