¿Recursos hídricos o agua? ¿Problema semántico o ideológico?
¡No es semántico! ¡El agua es la fuente de la vida, no es una cosa y peor una mercancía!

Cuando hablamos de agua nos referimos al elemento fundamental donde se desarrolla la vida, del cual depende la salud y bienestar de todas las especies, un elemento que determina la alimentación, la religión, la cultura y la producción de los pueblos; por esta razón, cuando utilizamos la palabra agua nos referirnos a un elemento con valores intrínsecos: ambiental, social, cultural y económico.
De la misma forma, si al nombrar al agua se referencia como recurso hídrico, no es un tema semántico sin importancia, tiene una profunda carga ideológica, pues es un intento de cosificación de la base fundamental de la vida. Al revisar la definición de la frase recursos hídricos encontramos que la palabra recursos deriva del latín “recursus” y significa “acción de recurrir, bienes o medios de que dispone alguien para realizar algo”; mientras, hídrico deriva de dos raíces griegas y significa “relativo al agua”, hablamos de recurrir a lo relativo al agua de que disponemos para realizar algo (la producción), el término está referido al stock de que se dispone en un territorio, y no a entender el agua como base de la vida, tampoco la aborda desde las cuencas hidrosociales, ni al agregado de todas las fuentes de agua.
La frase recursos hídricos es muy común, pues durante el último siglo ha sido un sinónimo inequívoco del modelo de gestión del agua conocido como “enfoque desde la oferta”, el cual ha basado su pensamiento en reducir el problema del agua a un simple déficit de infraestructura. La lógica de este enfoque lleva a que la respuesta a la problemática de escases del agua se resuelva construyendo grandes obras para el aprovechamiento hidráulico como represas, canalizaciones para distritos de riego, pozos para la industria, sistemas de tratamiento y entubamiento y traslado de agua potable, entre otros.
El modelo de gestión desde la oferta niega rotundamente la existencia de una crisis ambiental, insiste en plantear que la escasez se resuelve construyendo obras de infraestructura que trasladen el agua de donde hay, hasta donde hace falta o, en el caso del manejo de las aguas grises y negras, sacarla de dónde hace daño a la población, a donde solo afecta a los ríos, como si en esto no se afecta a la vida; para este enfoque no es un problema ecológico ni ambiental, ni climático, es simplemente físico.
Este enfoque fue abandonado en la Unión Europea (UE) desde finales de los años 90 porque se determinó que estaba a la base de la grave crisis que enfrentaban las aguas en los diversos territorios. Para construir un nuevo abordaje se debatió durante años, hasta lograr acuerdos concretos en el continente europeo, una de las más importantes expresiones al respecto fue la Directiva Marco del Agua (DMA) de la UE, adoptada en el año 2000, con un planteamiento pionero para la protección del agua basado en las cuencas hidrográficas, que obligaba a los Estados miembros a redactar planes hidrológicos de cuenca, definiendo plazos concretos de cumplimiento para ello, en el que todas las aguas europeas debían estar en buenas condiciones para el año 2015 como límite.
Sin embargo, durante los últimos 40 años, pese a la constatación llana del fracaso del enfoque de la oferta en Europa y otras regiones, en América Latina se ha seguido promoviendo a rajatabla desde instancias que promueven la mercantilización y financiarización del agua y la naturaleza, como el Word Water Forum (Foro Mundial del Agua), el Banco Mundial, el BID y otras organizaciones similares, mediante estrategias como los programas de ajuste estructural en la década de los 90; tratados de libre comercio durante la primera década del siglo, acuerdos bilaterales de inversión, asocios público privados, entre las principales.
En el país, durante muchos años, los radicales del mercado han logrado imponer de forma hegemónica este enfoque de la oferta, tanto que hasta sectores progresistas lo utilizan de forma inocente. Recurso hídrico de ninguna manera es sinónimo de agua entendida como bien natural o de fuente de vida.
Durante el último mes la frase ha cobrado aún mayor relevancia, luego que el presidente Bukele presentara a la Asamblea Legislativa su propuesta de ley denominada precisamente Ley de Recursos Hídricos, en un intento de hacer pasar nuevamente la frase como un sinónimo inocente de agua. Al revisar con detenimiento el contenido del proyecto de ley, encontramos una sustitución de la palabra “agua” por “recursos hídricos” a lo largo de todo el documento. La sustitución es tan exhaustiva que pareciera que se realizó mediante la aplicación de la función de buscar y reemplazar de Microsoft Word. No se trata de una acción accidental, sino una estrategia para profundizar la cosificación y mercantilización de un elemento esencial para la vida en el planeta mantenernos en el “enfoque desde la oferta” y así negar los importantes avances que en la materia. Esto sin mencionar los señalamientos fundamentales que hiciere el Foro del Agua y otras organizaciones.
Cuando en el proyecto de ley del presidente Bukele, se refiere al agua como recurso hídrico, no es un error inocente, forma parte de la estrategia continuada de cosificación, mercantilización y ahora financiarización del agua, que los ideólogos del mercado, apoyados por el gobierno de Bukele, “los mismos de siempre” han implementado en el país para robarnos y despojarnos del agua.
¡¡El agua es fuente de vida, no una cosa ni una mercancía!!
¡¡El agua no se vende, se protege y se defiende!!
