El Salvador, un Estado Negacionista de su población afrodescendiente

El Salvador es un país extraño, a “ojo de buen cubero”, como dice el dicho popular, la mayoría de la población salvadoreña puede ser clasificada como mulatos[1], pardos[2], morenos, zambos[3], cobrizos[4], negros o indígenas, pero el Estado salvadoreño no reconoce oficialmente ninguna de estas. Aunque a El Salvador, como en todos los países de la región, llegaron a estas tierras esclavos africanos a través del comercio transatlántico a partir del siglo XVI, los sucesivos gobiernos desde el periodo colonial han invisibilizado y negado a la población descendiente de los esclavos africanos.
El constitucionalismo salvadoreño y las instituciones defensoras de los derechos humanos han dejado en el olvido a los afrosalvadoreños, la posición oficial del Estado ante organismos del sistema de Naciones Unidas es afirmar que en nuestro país no hay negros de origen africano porque no hay bananeras y no tenemos costas en el Mar Caribe; en consecuencia, la población afrosalvadoreña no existe. En el corazón y el imaginario social del país se encuentra instalado el prejuicio racial, inculcado como parte del aparato ideológico de la clase dominante, de que somos una nación mestiza, en donde el fenómeno del mestizaje se ha utilizado como parte del proceso de “blanqueamiento y purificación de la raza” en la fundación del Estado Nación, como queriendo decir que en El Salvador todos somos mestizos y aquí no hay indígenas ni negros.
Las elites dominantes salvadoreñas y su sistema hegemónico poseen una visión eurocéntrica y de apología al antropocentrismo, esto ha contribuido a que el país sea un Estado-Nación negacionista de su propia población indígena y principalmente de su población afrodescendiente. Como sociedad hemos subvalorado la diversidad étnica y cultural que poseemos, al negar que somos una sociedad pluriétnica y pluricultural.
Los afrodescendientes salvadoreños estamos ante un despliegue de políticas neoliberales, en donde prevalece la profundización de las desigualdades sociales, la Naturaleza es vista como una mercancía o recurso infinito al servicio del comercio , la gran industria y el extractivismo ; el derecho humano al agua , el derecho a la tierra , a la salud , a la educación y a la alimentación, son derechos negados a una población que no existe. Padecemos una forma de racismo y discriminación silenciosa por parte del Estado.
Ante esta crisis sistémica y civilizatoria generada por este modelo de dominación global, la resistencia contrahegemónica es ineludible y nos obliga al cimarronaje[5] al igual que en el periodo colonial, ahora con expresión de organización, lucha comunitaria y pensamiento crítico descolonizador.
El Salvador tiene una deuda histórica con su población afrodescendiente, la cual debe reconocer, reparar y resarcir, hoy con mayor urgencia cuando las Naciones Unidas han declarado el Decenio Internacional para los Afrodescendientes, de 2015 a diciembre 2024., dicho decreto determina la protección de los DDHH de las personas de ascendencia africana, reconociendo sus aportaciones y la preservación de su cultura, bajo el lema «Reconocimiento, Justicia y Desarrollo».
[1] Dicho de una persona: Nacida de negro y blanca, o de blanco y negra.
[2] Similar a mulato.
[3] Dicho de una persona: Nacida de negro e india, o de indio y negra
[4] Dicho de una persona o de la raza a la que pertenece: De piel tostada con matices rojizos.
[5] Dicho de un esclavo: Que se refugiaba en los montes y luchaba buscando la libertad.
