Afrodescendientes salvadoreños, una mirada desde el Derecho de los oprimidos

Afrodescendientes, son las personas pertenecientes a pueblos de origen africano que fueron traídos como esclavos durante el período colonial para sustituir la mano de obra de los pueblos indígenas, unos exterminados en algunas regiones, otros agotados y enfermos por la explotación del extractivismo minero o en las plantaciones agrícolas en territorios de lo que ahora es América colonial.
El origen de la población afrodescendiente salvadoreña se remonta a partir de mediados del siglo XVI, con la llegado de la invasión y conquista española por los años 1524 y por el auge de los obrajes del cultivo del añil, en donde muchos indígenas morían por enfermedades por ser centros de explotación y de trabajo insalubres; no obstante datos y testimonios históricos de la presencia africana, el Estado salvadoreño siempre ha negado la negritud de su población.
La historia nuestra la contaron y se hizo desde el punto de vista del colonizador, desde el punto de vista de los vencedores, somos la periferia del pensamiento eurocéntrico hegemónico, nos enseñaron en la escuela y como un dogma que viéramos a Europa como una civilización excepcional con raíces en la antigüedad basada en la filosofía helénica y el derecho romano, modelo y centro de la cultura universal, un “viejo mundo” que se lanzó a invadirnos a lo que ellos llamaron un “nuevo mundo primitivo, salvaje y sin alma” en aquella coyuntura del siglo XVI, pobladores a quienes había que cristianizar y civilizar.
Históricamente los afrodescendientes desde la lógica colonial eurocéntrica del victimario , fundada en la ocupación ,la extracción , la depredación y el saqueo , son las víctimas del racismo , la discriminación social , la Negación y en consecuencia de la violación sistemática de los derechos humanos ; en esa perspectiva el ordenamiento jurídico salvadoreño desde la fundación del Estado Nación , se ha amparado en un derecho excluyente y marginador de los derechos de las poblaciones oprimidas como los pueblos indígenas y afrodescendientes, principalmente estos últimos puesto que no existen , en este contexto la opción por el derecho de los oprimidos ,un derecho insurgente, es una alternativa impostergable contra este derecho hegemónico Negacionista que es el derecho dominante en nuestro país y siempre está al servicio de los gobernantes de turno, de ahí que la resistencia, luchas y combates desde la comunidad y desde abajo , de estas poblaciones vulnerables y sufridas, son legítimas.
Desde esa perspectiva igual que en todos los territorios colonizados, en El Salvador las ideologías de dominación han intentado falsificar y destruir las historias de los pueblos indígenas y afrodescendientes que han sido sometidos y casi han consumado su exterminio físico y cultural ; los afrodescendientes principalmente porque el Estado ha tratado de ocultar cualquier rastro de su herencia africana, esto en su intento de la élite dominante de purificar la raza a través del mito del mestizaje.
La exclusión abismal de los afros salvadoreños desde el período colonial ha llevado a esta población al epistemicidio, es decir sus saberes, sus costumbres, su espiritualidad y su existencia; los afrodescendientes fueron desautorizados y silenciados por las narrativas oficiales instaladas en el imaginario colectivo por el aparato ideológico hegemónico del Estado y las élites dominantes, como no se hizo en ningún otro territorio colonizado. Como dice Bonaventura de Souza Santos “en la Universidad se estudia el conocimiento de los vencedores no el de los vencidos, el Neoliberalismo no quiere que haya historia “, nosotros mulatos, morenos y negros diríamos que ese conocimiento tampoco llega a las escuelas ni a la academia, es invisible y está ausente.
La lucha por el reconocimiento de la existencia y derechos de la población afrodescendiente salvadoreña significa la resistencia cultural, social, académica, política, antirracista y una opción desde abajo, desde los desamparados y desde un derecho alternativo, el derecho de los oprimidos.
