El 12 de octubre en el imaginario colectivo de la Resistencia Indígena, no es un día en particular, ni una celebración, es una batalla que lleva más de 500 años y que estamos encarando con la ayuda de nuestros abuelos y abuelas del pasado

El 12 de octubre de 1492 implicó un giro en la historia de Europa y del mundo entero, fue denominado como “el descubrimiento de América” fue un hito histórico que marca el punto de partida del periodo conocido como modernidad temprana, nace junto al territorio ibero-americano, el modelo colonial e incluso el germen del capitalismo; cuyas notas características son la dominación/explotación/imperialismo del ser, poder y conocer; acompañado, todo esto, de un proceso de homogenización de las diversas y múltiples expresiones culturales, de la destrucción de la ciencia, la lengua, el encarrilamiento de la cultura y la historia particular del territorio en una sola historia universal; volviéndose, en este sentido, una concepción de la historia unidireccional y unilineal; es un hito histórico transforma a los territorios atrasados y olvidados de Europa, en el centro del comercio, el arte y la historia mundial; este hito marco el surgimiento del eurocentrismo como categoría histórica de análisis de las relaciones globales.
El Salvador, como parte de los territorios que integran Abya Yala, no escapa de estos procesos violentos de erradicación de la cultura, de la clasificación e inferiorización de las subjetividades heterogéneas del territorio mediante la clasificación de la idea de raza. Tales condiciones, nacidas desde finales del siglo XV, a la fecha, siguen vigentes. En este sentido, los pueblos que habitamos lo que colonialmente se sigue llamando “El Salvador” seguimos sufriendo los clavos de la opresión, de la discriminación y la subordinación de nuestra civilización a la cultura occidental.
Sin embargo, tal situación, con todos los movimientos de diferentes expresiones organizativas permite afirmar que ¡Abya Yala despertó! Comenzó a caminar, no como cuerpo torpe o naciente, sino como estructura gigante que camina con saber milenario y decolonial. A las culturas ancestrales de Nuestra América, especialmente las salvadoreñas, poco les importa el Bitcoin, el satélite y cuanta estupidez continúe saliendo desde el Gobierno de las pocas luces.
Nuestros pueblos suelen preocuparse solo por las cosas que realmente importan; basta revisar los manuscritos, códices o simplemente sentarse a charlar con los abuelos y abuelas, para descubrir que sus preocupaciones son otras, más elementales y por ello, más fundamentales.
Les preocupa, la relación con el cosmos, el balance energético universal, el agua, la comida, la posible y necesaria continuidad de vida en el planeta tierra; no solamente de la vida de la especie humana, sino de la vida en todas sus formas conocidas y desconocidas; por esto último se oponen al capitalismo, la modernidad y la civilización occidental. En pocas palabras, rechazan la herencia maldita de la Europa del siglo XV, pero al rechazarla reconstruyen civilización y posibilitan nuevas formas de vida, más armoniosas con el ambiente, la humanidad y los seres vivos no humanos; esto es independencia, esto es hoy lo estratégico, sin embargo, para lograrlo hay que confrontar.
La confrontación es contra el Estado-nación, el capital transnacional, el fascismo nacionalista y toda forma de colonialidad del poder, por eso, se combate la palabra “raza” y por lo mismo el 12 de octubre es el imaginario colectivo de la Resistencia Indígena. No es un día en particular, ni una celebración, es una batalla que lleva más de 500 años y que estamos encarando con la ayuda de nuestros abuelos y abuelas del pasado; esa es la ruta hoy, lo medular, lo central, es pensarse desde la decolonialidad. Para ello existe un buen número de líneas de debate: «estudios de la subalternidad», «estudios postcoloniales», «estudios culturales», «multiculturalismo», entre los mismos estudios decoloniales.
Lo eurocéntrico, como ya se dijo, es unilineal y unidireccional, esto es lo caduco, lo obsoleto y lo inútil para el giro decolonial, por ello, debemos pensarnos desde la diversidad pluriversal. Aquí no hay mesías político o estado nacional que pueda ayudarnos, ellos representan lo colonial, la depredación y la muerte, nosotros somos vida, amor y alegría, estas son nuestras armas.
