Una breve reflexión del amor
14 de febrero de la celebración vana del amor romántico a la imprescindible necesidad de acrecentar el amor por la vida, por el prójimo, por el otro y la otra.

Como de costumbre, el 14 de febrero de cada año se conmemora el día del amor y la amistad. Esta fecha tiene su origen en el acto de rebeldía del sacerdote San Valentín de Terni, quien se opuso fervientemente al decreto sancionado por el emperador Claudio II, con el cual se proscribió los matrimonios entre jóvenes, puesto que, según el emperador, las personas sin familia eran los mejores soldados del Imperio Romano del siglo III. Esta fecha, con el paso del tiempo y, sobre todo, con la consolidación del sistema socio-económico capitalista, comenzó a popularizarse y hacerse más una cuestión comercial; vaciando de contenido reflexivo y, por supuesto, invisibilizando la rebeldía de San Valentín de Terni.
En esta pequeña reflexión no se desea destacar el acto de amor romántico, que es la celebración de matrimonios entre jóvenes; sino, más bien, se quiere hacer énfasis en la rebeldía, en la oposición y actuación de San Valentín contra una situación que, para él, era considerada injusta. A partir de tales consideraciones, ofrendó su vida a una causa que consideraba legítima y justa.
Lo anterior es importante de mencionar, puesto que, como ya ha sido dicho líneas arriba, los catorce de febreros son limitados a intentar expresar o mostrar el amor romántico, un amor que, en ocasiones, está mercantilizado y, a veces, como diría Bauman, es un amor líquido. Así, esta fecha, por costumbre comercial, se hace intercambio de regalos, de detalles y demás cuestiones materiales -que no está mal, cada uno tiene la libertad de hacerlo-. Sin embargo, como ReverdES queremos mencionar que el amar no se limita a esto.
Este movimiento reflexiona que en un sistema socio-económico, en el que las relaciones interpersonales están minadas de dominación, opresión, despojo, discriminación, sometimiento y demás expresiones inhumanas y de crueldad; se hace necesario un amor genuino, un amor auténtico que mueva a la acción por la transformación de nuestras relaciones entre seres humanos, entre los seres humanos y la naturaleza y el planeta; se vuelve imprescindible un amor por la vida, un amor por el prójimo, por el otro.
Erich Fromm, en su obra “El Arte de Amar”, define el amor como “la voluntad de extender el propio yo para favorecer el crecimiento espiritual de uno mismo o el de la otra persona”. Continúa afirmando que “el amor está en los gestos y conductas a través de los cuales se expresa. El amor es un acto de la voluntad, es decir, que comprende tanto una intención como un acto. La voluntad implica también elección. No estamos obligados a amar. Elegimos hacerlo”.
Erich Fromm nos aclara que amor implica un acto de voluntad, un acto de elección mediante el cual “el propio yo” se extiende hacia el propio ser o hacia otra persona para que esta alcance su plenitud. En este sentido, como movimiento, convencidas y convencidos que la matriz social de opresión -capitalismo, patriarcado, colonialismo- no permiten la consecución de una vida viable y factible a aquellas y aquellos que el sistema presenta como improductivos, como perdedores, delincuentes o indeseables; manifestamos nuestra opción preferencial por los empobrecidos, por los despojados, explotados y oprimidos.
Estamos convencidas y convencidos que un mejor mundo es posible, que es posible la existencia simultánea de diferentes expresiones de vida que escapen de la racionalidad capitalista-patriarcal-colonial; para ello, es necesario rebelarnos contra el sistema, hacer un acto de amor por la justicia, por nuevas formas de relaciones basadas en el imperativo “yo soy si tú eres”, tal como dijo Hinkelammert.
